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sábado, 28 de noviembre de 2015

FRANCISCANOS SEGLARES TIENEN UN ENCUENTRO DE FORMACIÓN EN MURCIA


         
La Orden Franciscana Seglar de la provincia eclesiástica de Cartagena ha congregado en Murcia a miembros de las diversas fraternidades seglares franciscanas de Murcia, Albacete, Alicante, Almería y Granada en una jornada de formación preparatoria del “Año de la Misericordia”, convocado por el Papa Francisco.


            Así en una intensa y concurrida jornada se departió sobre la bula papal que instaura el próximo “Año de la Misericordia”, que comenzará el día 8 de diciembre próximo, festividad de la Inmaculada Concepción y se extenderá a lo largo del año 2016, hasta la festividad de Cristo Rey en la que concluirá.

            De esta forma los franciscanos seglares se preparan para vivir con coherencia e intensidad este nuevo año litúrgico especialmente dedicado por el Pontífice a recordar uno de los principales pilares de la fe cristiana: la Misericordia de Dios, que ama y perdona –o mejor dicho, perdona porque ama, todos nuestros fallos e iniquidades humanas- invitándonos a la conversión a través del ejercicio del perdón fruto del amor fraterno que en el cristiano ha de ser reflejo del Amor de Dios a los hombres.

            Por consiguiente en ese ámbito de reflexión y sintonía espiritual y humana se exhorta a vivir una especial experiencia de la Misericordia Divina que no quede en los límites de la Iglesia, puesto que el Amor de Dios excede a todo límite y alcanza a toda persona, obra de su creación.
            Habiéndose desarrollado la jornada en un clima convivencia fraternal, preparatorio para el inminente comienzo del Adviento, que preparará para la venida del Mesías Redentor, culminándose en la celebración de las próximas fiestas navideñas a la luz de la fe del Evangelio de Cristo.


sábado, 26 de septiembre de 2015

EXITOSO PERIPLO MISIONERO Y DIPLOMÁTICO DEL PAPA FRANCISCO


      El Papa Francisco ha realizado durante estos días un importante y complicado periplo por tierras del Cuba y EEUU, dos vecinos enfrentados, políticamente antagonistas, a los que la labor de la diplomacia vaticana, encabezada por el Papa Francisco ha reencontrado para el diálogo y la normalización pacífica de sus relaciones de vecindad.
        Ambos países son paradigmas de los dos grandes modelos político, sociales y económicos en que el mundo se polarizó a mitad del pasado siglo, donde el capitalismo y el socialcomunismo se enfrentaban por el dominio del mundo, generando no pocos conflictos armados, la denominada “guerra fría” y muchas víctimas en su confrontación de bloques (Este versus Oeste).
        Ambos modelos reflejaban, tratando de ganarse aliados para su respectiva causa, dos cosmovisiones distintas del mundo, de la sociedad y del hombre, al tiempo que prometían una “arcadia feliz”, que ninguno propició. Pues si el comunismo era liberticida y totalitario, el capitalismo era explotador y germen de la injusta codicia humana.

        La caída del muro de Berlín, el desmoronamiento del bloque comunista de la URSS y sus satélites (entre ellos Cuba), dejaron camino libre al avance del capitalismo, cada vez más indisimulado y voraz, que sin freno ni contrapeso se ha lanzado a la batalla global (a la globalización) para conquistar para sí y el gran capital todos los mercados mundiales, convirtiendo al ser humano en mero actor productor y consumidor, al que se le rebajan los logros sociales que creía haber consolidado.
        Así en este mundo de fracaso de ambos sistemas económico-políticos (el comunista de forma patente, en tanto que el capitalismo aún mantiene latente el fracaso), concurre la visita papal a ese lugar del mundo donde el enfrentamiento vecinal en la sima de estos caducos modelos se hace patente, más allá de un mero conflicto local. Siendo la valentía y audacia de Francisco el de facilitar el entendimiento, pero al propio tiempo poner de manifiesto en uno y otro Estado la necesidad de atender a la persona humana, de los Estados al servicio del hombre, de humanizar la política y la economía, en definitiva las relaciones sociales, que tanto se han deshumanizado con el transcurso del tiempo y con tanto error histórico y enfrentamiento.
        Cierto es que a los dirigentes de la Habana y de Washington le interesaba de Francisco su mediación para remediar el malestar de mala vecindad, pero el Papa facilitando el acercamiento ha aprovechado el escenario público y el momento histórico para abordar la necesidad de confraternizar, de ayudar al pobre, de atender a los necesitados, en definitiva de proclamar los mensajes evangélicos, que han resonado como si de nuevo fuera en países socialmente cristianos, aunque vencidos a una laicidad formal, en un caso y forzada en el otro.
        Naturalmente, esa labor ha tenido que hacerla constreñido al margen limitado de maniobra de las autoridades políticas castristas, que le han impedido al Papa el encuentro con la disidencia del país, pero conocido es el pragmatismo de Mons. Bergoglio para aún en esas circunstancias hacer provechosa su intervención.
        Como provechosa ha sido su presencia en EEUU donde los escándalos de un clero reprobable habían infligido mucho daño a la Iglesia y a su imagen, pues el Papa no ha andado con rodeos en la condena de tan abyectos comportamientos, para a renglón seguido hablar de los valores evangélicos del socorro a la pobreza, del servicio y de la mutua ayuda, que han retornado a valores evangélicos una sociedad que se debate entre el fundamentalismo religioso de diverso tipo y el agnosticismo materialista más indiferente.

        Memorable ha sido el encuentro del Papa con el presidente Obama, como también lo ha sido su intervención en el Parlamento estadounidense y como resultó ser, finalmente su alocución ante el Pleno de la Asamblea General de la ONU, donde de nuevo el Papa dispuso de una privilegiada tribuna para dirigirse a los poderosos de la Tierra para pedirles solidaridad con los pobres, justicia social, el cese de los conflictos armados, la ayuda a los refugiados y respeto a la naturaleza creada por Dios, todo ello de una candente actualidad, ante lo cual, el Papa Francisco ha revalidado e incrementado el liderazgo moral que viene ejerciendo mucho más allá del ámbito de la cristiandad, pues no sólo habla con radical claridad en el ámbito eclesial, sino también en los ámbitos social, político y económico internacional.

miércoles, 9 de septiembre de 2015

EL PAPA PONE AL DÍA LOS PROCESOS DE NULIDAD MATRIMONIAL


              Recibo con satisfacción el anuncio de las nuevas medidas que el Papa Francisco ha dispuesto sobre la reforma de los procesos de nulidad matrimonial, pues no sólo los dota de mayor racionalidad, eficacia y coherencia evangélica, sino que desentraña un angosto residuo forense eclesial que no tenía muy buena prensa, especialmente por su alto costo, sus demoras y por el ejemplo poco edificante de algunos de sus usuarios más conocidos de entre el famoseo nacional.
            Como abogado rotal y como teólogo, me alegra ver en la Iglesia el retorno del Espíritu de Misericordia, frente a al espíritu de la ley –siguiendo las tesis de San Pablo y el ejemplo de vida de Jesús-.
            Siempre he tenido para mí la convicción que muchos de los matrimonios canónicos, desde el punto de vista canónico, eran nulos, por diverso tipo de razones. Desde la inmadurez de los contrayentes o alguno de ellos, la falta de asunción de los bienes del matrimonio, la increencia o falta de fe, de la consideración sacramental del matrimonio, etc. Y sin embargo, he venido apreciando el número cada vez menor de católicos separados que recurren a los procesos de nulidad canónica, y sin embargo hacen uso del divorcio, cuando en realidad podrían estar en supuesto de nulidad matrimonial, con efectos jurídicos análogos a los del divorcio, y naturalmente, pudiendo contraer nuevo matrimonio, incluso canónico (naturalmente, pues al anular un matrimonio, para la Iglesia tal matrimonio nunca existió, y en consecuencia, no produce efectos).
            Tal es así, que incluso se han llegado a aceptar ciertos trastornos de personalidad como causa de nulidad matrimonial, lo cual en la práctica supone una apertura importante de criterios y casos, pues si recordamos la famosa frase de Freud, de que quien no es psicótico es neurótico…, llegaríamos a una casi generalización de los mismos.
            Pero los procesos de nulidad, por su complejidad, su carácter de jurisdicción eclesiástica, la exigencia de pruebas al momento de la celebración del matrimonio, la duración y dilación de los trámites con exigencia de la concurrencia de dos sentencias estimatorias de la nulidad, hacían de ello un largo, prolijo y costoso procedimiento, que se unía al dolor de cualquier fracaso matrimonial y su subsiguiente ruptura. Lo cual, comparativamente con los procesos civiles (más cortos, sencillos y de menor coste) hacía de estos últimos la elección natural por puro pragmatismo vital, más que por propias razones de fe. Dado que esta se sometía a tensiones cuando se apreciaba el burocrático rigor, alto costo e impredecible resultado de la solución eclesial a su problema humano.
            Así las cosas, asumida la vía civil por la mayoría de los separados –que acaban culminando en soluciones divorcistas-, el devenir de su existencia les suele llevar a rehacer su vida con otra persona (en unos casos casándose por lo civil, y en otros uniéndose en concubinato) lo cual moralmente era tradicionalmente reprobado por la Iglesia, con medidas a veces de cierta notoriedad pública, como la exclusión de la comunión de estas personas. Situación ante la cual, estas personas se encuentran moralmente culpabilizadas, juzgadas y condenadas, por una Iglesia que se dice Madre y misericordiosa, pero que difícilmente lo ven así estos hijos circunstancialmente apartados. Además esas personas, que probablemente han alcanzado la felicidad con su nueva pareja, en su nuevo estado y hayan tenido hijos de esa nueva unión, acaban por sentirse rechazados, apartándose de la Iglesia e incluso abandonando la fe, dañados por ese “muro moral” que hemos construido.
            Consiguientemente estos hechos suelen conllevar un daño directo a los afectados y unos daños colaterales a sus descendientes y núcleos familiares, que lamentablemente reportan un desafecto casi patológico ante lo que les ha causado el daño psicológico (que suelen identificar con la Iglesia, con sus mandatos morales, e incluso con la religión y la fe), aunque no pocos sigan teniendo su particular fe, su peculiar forma de relacionarse con el Padre providente.
            Por todo ello, parece urgir una solución a esta situación y a sus consecuencias, que superen dogmatismos, legalidad, e imponga humanidad, misericordia, perdón, comprensión, acompañamiento, acogida fraternal, remitiendo el juicio a Dios único juez del hombre y del mundo.
            Es verdad que técnicamente el problema no es sencillo, que no todos los casos son idénticos, de ahí que la Iglesia los analice en los procesos matrimoniales, pero no es menos cierto que estamos en un mundo complejo, y precisamente por eso, la Misericordia está por encima de la ley, algo que Jesús dejo claro a lo largo de su vida, por lo que fue criticado por los grupos más religiosos y observantes de su tiempo, pero enfatizó la ley del amor en su doble dimensión (a Dios y a los hombres).

            Sea pues bienvenida esta propuesta del bondadoso y claro Papa Francisco, y Dios ponga su mano sobre su Iglesia y la protección sobre todos los hombres. Y como decía el santo de Asís: seamos instrumentos de paz, de concordia, de amor.

viernes, 10 de julio de 2015

SIGNIFICATIVO VIAJE PASTORAL DEL PAPA FRANCISCO


            El Papa Francisco ha emprendido un viaje pastoral a Sudamérica, especialmente a la parte más pobre del subcontinente sudamericano, de donde él mismo procede y cuya realidad conoce bien, en un significativo acercamiento a la Iglesia latinoamericana cuyas posiciones pastorales y teológicas especialmente referidas a la “teología de la liberación” fueron reprobadas por anteriores pontífices, desde una cosmovisión romana, eurocéntrica y más tradicional.
            En ese tiempo, la activa Iglesia sudamericana se sintió un tanto desnortada, aunque hitos de recomposición no faltaron en forma de encuentros y cumbres como los de Puebla o Medellín, pero se sentía una incomprensión del poder romano por los avances teológicos liberadores que según, muchos de sus mentores alcanzaban a tesis políticas, sociales y económicas, que a la derecha política y religiosa tanto escandalizaban.
            Por consiguiente, es muy positivo –desde el punto de vista pastoral- esta visita del Papa programada en perspectiva de reencuentro precisamente con los núcleos sociales sudamericanos más pobres (en Ecuador, Bolivia y Paraguay), en donde además de la Iglesia, estas naciones han girado a gobiernos políticos de diverso perfil, pero con el común denominador social (desde las posiciones socialcristianas de Correa en Ecuador a las filocomunistas barnizadas de indigienismo de Morales en Bolivia), en lo que se habría de interpretar como un encuentro del Pontífice con la realidad de sufrimiento económico y social de esas sociedades, de esas comunidades eclesiales, que necesitan el encuentro con su pastor,  su comprensión y aliento esperanzado, que les acompaña, los entiende, se hace eco de sus necesidades y clama con ellos por la justicia y la fraternidad en un mundo más justo, exhortando a la construcción del Reino de Dios anunciado por Jesús, que sin justicia y paz no puede construirse.
            Además llega Francisco en unos momentos críticos de la Iglesia sudamericana, que requería la atención y el abrazo fraternal de la Iglesia universal para el desempeño de su misión evangélica en medio de tanta pobreza, de tanta desigualdad, de tanto abandono social, en definitiva, de tanta injusticia social, donde el “amor fraterno” cede en perjuicio del Evangelio, pues la Buena Nueva se apaga en esa realidad temporal. Unos momentos, de desorientación eclesial y social que ha sido aprovechado por el desarrollo de sectas que han ido invadiendo el territorio sudamericano para alienar a las personas en ritualismos o espiritismos alejados de su realidad existencial, pero que también les hace más dóciles a los poderes fácticos del lugar.
            Consecuentemente, una visita pastoral muy oportuna y muy bien desarrollada por el Papa Francisco que conoce a la perfección tal realidad y conecta rápidamente con el pueblo que le esperaba y le aclamaba, al que realmente ha esperanzado en el difícil camino del seguimiento de Jesús desde su propia existencia. Visita que se ha desarrollado como ya es tradicional en Francisco con su habitual sencillez, cercanía y austeridad sinceramente vivida hasta el detalle, ejemplo claro y determinante para la jerarquía eclesiástica y resto del clero no siempre atentos a estos significativos detalles.
            Ello no obstante, no han faltado las habituales críticas de sectores eclesiales tradicionales y políticos conservadores, precisamente por la visita de Francisco a estas naciones tachadas de “parias” por el orden económico neoliberal, y en el que han criticado de forma desvergonzada los más mínimos detalles del Papa, ubicándolo como un jesuita sudamericano de izquierdas favorable a la “teología de la liberación” que identifican como un sincretismo político religioso entre el comunismo y el cristianismo, sostén de la guerrilla sudamericana. Quedándose lamentablemente en esos detalles, más simbólicos que reales, en vez de profundizar en la dura realidad de injusticia social de la zona, en la que la Iglesia ha de tener para ellos una “palabra profética” basada en el Evangelio de Jesús, que no se remite meramente a prácticas piadosas, espirituales y ritualistas vacías de contenido, sino a la vivencia de la fe en Jesús que anunció la venida del Reino de Dios (reino de verdad, de fraternidad, de justicia y de paz), una realidad que se ve interpelada por el Evangelio, por la “teología del Reino de Dios” recogida como núcleo central de la predicación de Jesús en los tres Evangelios sipnóticos (Marcos, Mateo y Lucas). Algo que la Iglesia puede y debe manifestar, predicar y defender.

            Así pues, como en otras ocasiones, un gran acierto pastoral y evangélico del Papa Francisco, a quien Dios guarde muchos años e inspire en el gobierno de su Iglesia.

viernes, 19 de junio de 2015

“LAUDATIO SI, MI SIGNORE”: UNA ENCÍCLICA CON RESONANCIAS FRANCISCANAS


              El Papa Francisco ha publicado esta encíclica de profundas resonancias franciscanas, en la que con la habitual valentía y claridad el Pontífice acomete uno de los problemas básicos de la convivencia mundial en la actualidad: el problema ecológico derivado de la injusta sobreexplotación de los recursos naturales del mundo.
            Así Francisco señala una de las graves causas del desequilibrio económico y social del mundo, que debido a la excesiva explotación de los recursos materiales se ha llegado a deteriorar el medioambiente del planeta, dando lugar a importantes cambios climáticos y a una destrucción sin precedentes de ecosistemas con grave perjuicio para el desarrollo de la vida en el mundo. Algo, que Francisco califica de abandono del mundo, habiendo llegado a convertir algunas partes de la tierra en auténticos “depósitos de porquería”.
            Pero además de referirse a datos directamente observables de la realidad mundial que están deteriorando nuestro ecosistema, el Papa llega al análisis de sus causas y de sus consecuencias, en una auténtica denuncia mundial de la codicia económica de sectores económicos privilegiados, que se encuentran entre las causas de esta preocupante situación, ante lo que el Papa advierte que el derecho a la propiedad privada nunca ha sido reconocido como absoluto e intocable por la tradición cristiana, distanciándose así del “dogma capitalista” de la defensa a ultranza de la propiedad privada.
            Además, Francisco alerta sobre la necesidad de corregir los modelos de crecimiento –que no siempre resultan compatibles con el medioambiente-, indicando en tal sentido, que el enorme consumo de los países ricos tiene repercusiones en los lugares más pobres, sobre todo en África, donde el aumento de la temperatura unido a la sequía hace estragos en el rendimiento de los cultivos. Consecuentemente, enfatiza en que se evite una “concepción mágica del mercado” (gran dogma del capitalismo moderno) que tiende a pensar que los problemas se resuelven sólo con el crecimiento de los beneficios de las empresas o de los individuos.
            Tras señalar las causas, el Papa apunta sobre indeseables y potenciales consecuencias de esta problemática, en la medida en que el agotamiento de algunos recursos se vaya generalizando, será previsible pensar en un escenario favorable para nuevas guerras, incluso disfrazadas de nobles reivindicaciones.
            Apuesta el Pontífice por un amplio desarrollo de las energías renovables, del que dice que ya debería estar en marcha, dado que entiende que es legítimo optar por lo menos malo o acudir a soluciones transitorias, dado que la tecnología basada en combustibles fósiles muy contaminantes (carbón, petróleo y gas) necesita ser reemplazada de forma progresiva sin demora.
            El Papa llama la atención sobre la “debilidad de la política internacional”, el sometimiento de la política a la tecnología y a las finanzas que llevan al fracaso a las cumbres mundiales sobre el medio ambiente, dado que existen intereses económicos particulares que llegan a prevalecer sobre el bien común, que incluso manipulan la información para que no se afecten sus proyectos.
            Incluso llama la atención sobre el hecho que no se aprendieron las lecciones de la crisis financiera mundial y con mucha lentitud se aprenden las lecciones del deterioro ambiental.
            Pero sobre todo es en la defensa de la vida y en el rechazo al aborto como antagónico con la vida, donde el Papa pone el “dedo en la llaga” sobre la incoherencia de quienes mantienen la defensa y acogida de los seres débiles que nos rodean (a veces con sus molestias e inoportunidad), si no se protege al embrión humano (que no causa ni molestias ni dificultades), por lo que apela a retomar esa coherencia educativa.

            En definitiva un documento magisterial con resonancias en la espiritualidad ecológica del santo de Asís, que también recuerda en alguno de sus postulados la Pacem in Terris de Juan XXIII, que con audacia y valentía hace una denuncia profética al estilo de la nueva teología, por lo que algunos le sitúan en la línea de la “teología de la ecología” como Leonardo Boff le denominó.

miércoles, 18 de marzo de 2015

¿EL PAPA FRANCISCO: “RENOVACIÓN ECLESIAL” O “TORMENTA DE VERANO”?


En el segundo aniversario del acceso al pontificado del cardenal Bergoglio, como Papa Francisco, es común ver análisis diversos en los que se subraya el peculiar estilo del nuevo Papa y su empeño fundamental en renovar la Iglesia, pero pocos llegan a atisbar o apostar por el alcance de sus pretendidas reformas eclesiales.
Esto último nos parece particularmente interesante, por cuanto la reforma eclesial es algo más que una necesidad, lo demanda la cristiandad y en cierta medida la continuidad de esta misma, ante el grave proceso de secularización habido en su seno, en el que también se ha dado una reacción conservadora de porte fundamentalista, volviendo a plantear la necesidad de una “Iglesia de trinchera”, a la defensiva del enemigo exterior e interior, so pretexto de heterodoxia y aún herejía.
Resulta muy lamentable contemplar algunas manifestaciones de personas de Iglesia, especialmente algunos clérigos y hasta algún prelado, que desde tesis fundamentalistas apelando a la ortodoxia y a la obediencia empiezan por manifestarse desobedientes, discrepando y criticando al propio Papa Francisco. Aunque tal actitud, sea contradictoria con algunos de sus propios planteamientos, suele ser “condición humana”.
Pero siguiendo con nuestro análisis, habría que empezar por preguntarse: ¿qué Iglesia heredó el Papa Francisco?.  A esta pregunta habría que contestar que recogió una Iglesia conservadora (recompuesta sobre su intento de apertura y renovación del Vaticano II, por Juan Pablo II –que venía de la Iglesia polaca, conservadora, atrincherada ante las amenazas externas de los totalitarismos nazi y comunista-, que no desarrolló plenamente los postulados conciliares, dejando pendiente la reforma eclesial, propiciando un neoconservadurismo eclesial), lo que determinó que la mayoría de la jerarquía eclesial sea conservadora, con la que el Papa Francisco viene a ser un “verso suelto”.
Además heredó una estructura medieval de gobierno eclesial, jerárquica, autoritaria, distanciada de la realidad histórico-temporal, con corruptelas internas y escándalos varios, en lo que suponían conductas morales nada evangélicas ni siquiera existencialmente edificantes, ante las que el Papa Ratzinger se mostró débil y traicionado por su círculo íntimo, que le llevó a tomar la honorable decisión de dimitir, ante la impotencia personal de poder cambiar tal estado de cosas.
De todo ello, emergió Bergoglio (primer Papa jesuita) que venía de una realidad eclesial en las antípodas de la curial, que pronto llegó a la idea de un drástico cambio en la curia romana, que además impuso un estilo personal de austeridad, sencillez, cercanía y claridad, como apenas utilizaron ninguno de sus antecesores, que conectó pronto y bien con el Pueblo cristiano y no cristiano, que asistía admirado de la valentía y entereza de un Papa que empezaba a llamar a todos a la Verdad evangélica de forma clara y directa, al punto que los sectores más ortodoxos se empezaron a preocupar por tanta locuacidad papal, que venía a poner “patas arriba” el statu quo eclesial de siglos, y que denunciaba con rotundidad actitudes hipócritas y pecados eclesiales sin ambages ni disimulo, en los que ha apelado al clero para que sean “pastores” que huelan a oveja (que se acerquen a su pueblo, que lo pastoreen y cuiden), a los obispos para que trabajen más en sus diócesis (que no sean obispos de aeropuerto, siempre de viaje), apelado a la paternidad responsable (rechazando la imagen de “mujer coneja” mera paridora de hijos), y a la universalidad del carisma cristiano ejercido con autenticidad (distinto de ser “numerario” de una secta), etc., etc.
Naturalmente todas esas afirmaciones no han pasado desapercibidas, ni de balde, pues mientras para el pueblo cristiano ha supuesto una auténtica “primavera eclesial” el pontificado de Francisco, para sectores ortodoxos (entre los que cabría contar a gran parte de la jerarquía eclesial, nombrada por sus predecesores), tales afirmaciones sería un despropósito inaceptable en un Papa, cuando no un desvarío de un “jesuita filocomunista”, que en el mejor de los casos hay que esperar que su pontificado sea corto, y todo esto pase rápido, para que esos sectores vuelvan a retomar el control pleno de la Iglesia.
Ni que decir tiene, que las grandes y graves resistencias a las reformas eclesiales del Papa Francisco vienen de esos sectores conservadores, que prefieren una “Iglesia- trinchera” (a la defensiva, supuestamente perseguida, enfrentada al mundo, guardiana de una ortodoxia doctrinaria, más que de una fe evangélica libre).
En ese contexto, el pontificado de Francisco puede ser un corto paréntesis, en la involución eclesial dada desde final de los años setenta del pasado siglo, si Francisco no logra acelerar sus reformas, y si estas no logran cambiar las raíces de una Iglesia medieval autoritaria, clerical, jerárquica, doctrinaria y por naturaleza conservadora, y trasladarla al S. XXI desarrollando los postulados del Concilio Vaticano II, más abierta al mundo, más evangélica, coherente, sencilla, profética que invite a una auténtica conversión vital (un cambio de vida existencial) desde la experiencia madura de la fe en libertad, en el Pueblo de Dios (sin manipulaciones clericales).

Por ello, cabría preguntarse si el pontificado de Francisco supondrá una “revolución eclesial” (que está aún por llegar), o acabará siendo una “tormenta de verano” (como parece vislumbrarlo el sector más ortodoxo de la Iglesia, que espera que pase pronto).

lunes, 16 de febrero de 2015

FRANCISCO NO QUIERE FACCIONES ECLESIALES EN LA CURIA

           
 
              Así de claro y determinado se muestra el Papa Francisco para sacar del gobierno de la Iglesia a representantes de diversas facciones eclesiales (especialmente de movimientos laicos conservadores) que se habían instalado  en diversos puestos del gobierno de la Iglesia en Roma, pues estos grupos suelen usar de sus influencias para sí mismos en vez de favorecer a la Iglesia en general.
                Por consiguiente, ante esta pasada experiencia, el Papa Francisco, dentro de la reforma que pretende imprimir a la Curia romana para adaptarla a los nuevos tiempos de su pontificado y de la Iglesia en el mundo, se ha planteado dejar al margen del gobierno de la Iglesia a determinados grupos eclesiales, entre los que cabría destacar: al Opus Dei, Comunión y Liberación, Focolares y Kikos, que durante el largo pontificado de Juan Pablo II –y aún en el corto de Benedicto XVI- se fueron incorporando en puestos de relieve e influencia de la Curia romana, con lo que ello supone de lucha de poder e influencia en el gobierno eclesial entre facciones de la Iglesia, algo que para el Papa Francisco y para el nuevo gobierno de la Iglesia se considera más pernicioso que beneficioso, en tanto que de esa forma se pierde la visión de unidad y conjunto de la misma Iglesia.
                Casualmente estos grupos eclesiales de raíz laical y conservadora son los que más han crecido y cogido fuerza en el seno de la Iglesia durante los anteriores pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI.
                En este punto, parece que el Papa Francisco está decidido a hacer una Curia más gobernable, más universal de la Iglesia y más abierta a todo el orbe católico, conforme a su nuevo estilo pastoral y eclesial que vuelve a enraizar con la eclesiología del Vaticano II. Naturalmente, en esta labor el Papa estará constatando las resistencias internas de los sectores más conservadores de la Iglesia que se resisten a entrar en comunión con el pontífice, pero sobre todo a perder privilegios e influencia que Francisco no está dispuesto a mantener, en su idea de simplificar y abrir la Iglesia al mundo en una praxis más sencilla, austera y directa.
                Todo lo cual hace presagiar que la reforma, de la Curia que el Papa Francisco está acometiendo, pueda retrasarse ante las dificultades de tal empresa y las resistencias con las que se está encontrando, pero también parece segura la determinación del Papa a llevar a cabo la misma.
                En cualquier caso, sería muy deseable que esos sectores eclesiales que se resisten acaben obedeciendo al Papa (algo que tanto han afirmado cuando se trataba de cuestiones que les satisfacían), y en humildad “se nieguen a sí mismos” (si quieren seguir a Cristo), o sea dejen sus personalismos, sus corporativismos exclusivos y exclusivistas, sus capillas y facciones, de forma que en el Espíritu de Cristo sean uno con el conjunto de la Iglesia con Pedro como Roca que la sustente. Para que con ello se cumplan las palabras de Cristo que todos seamos Uno en El, y ello favorezca la evangelización y conversión del mundo.

                Al tiempo que no estaría de más que se revisara tal multitud y dispersión de carismas, so pretexto de los cuales, se han generado grupos particulares en la Iglesia que dificultan la visión y comprensión de la unidad católica (sin que por ello se haya de confundir: unidad con uniformidad), pero tampoco la atomización sectaria de tantos grupos diversos y dispersos, en los que no siempre resulta fácil ver la comunión de los hermanos en Cristo.

martes, 10 de febrero de 2015

EL DIEZMO DE CAÑIZARES: ¿SIGNO DE CONVERSIÓN?


Asistimos con sorpresa, a la par que alegría, a la decisión tomada por el arzobispo de Valencia, Mons. Antonio Cañizares, de establecer un diezmo sobre los ingresos de su archidiócesis y destinarlo a los pobres de la misma. ¡Alabado sea Dios!.
Efectivamente, hemos de alabar a Dios que por el hecho de “conversión evangélica” que supone atender a la caridad de los hermanos más necesitados, lo que representa un gesto de autenticidad evangélica, y quita valor a aquel dicho de la experiencia popular en relación a que “una cosa es predicar, y otra dar trigo”.
En consecuencia, apreciamos en este importantísimo anuncio –que esperamos se plasme pronto en realidad-, un auténtico signo de conversión, acaso personal del propio cardenal Cañizares, al que le conocimos una acción pública más de gestor en sus respectivas diócesis (Ávila, Granada y Toledo), con sus iniciativas de apoyo a empresas docentes en el entorno eclesial (como las Universidades católicas de Ávila y Murcia), así como sus posicionamientos más doctrinarios y conservadores desde la cátedra primada de Toledo, pasando por su etapa romana de “príncipe eclesial” (que fue ilustrada por unas famosas fotos vestido como cardenal del medievo –con una cola de varios metros de extensión- y una pompa poco compatible con los nazarenos de Galilea). De forma que aparenta haberse influido vivamente por el nuevo rumbo marcado por el Papa Francisco, en lo que supone un mayor humanismo cristiano, anteponiendo la caridad a la doctrina, sin que esta haya de menoscabarse por ello.
Pero además de esta evolución del cardenal Cañizares, que por este tipo de signo parece sólida y sincera. Aparenta ser un signo de conversión eclesial, más allá de la personal, pues aunque sea jerárquicamente, también este influjo del buen ejemplo evangélico puede extenderse a la comunidad eclesial en su conjunto, empezando por la Iglesia valenciana. A partir de lo cual, sería muy deseable, que cundiera el ejemplo y el resto de las diócesis españolas siguieran la iniciativa del cardenal Cañizares, mostrando así la Iglesia española su sensibilidad evangélica, su coherencia y su comunión con el pontificado de Francisco.
Bienvenida sea la iniciativa, y Dios quiera que se extienda por el resto de la Iglesia española, al tiempo que sea el principio de una serie de iniciativas en la línea de ayudar a los más pobres, empezando por la misma Comunidad eclesial, y arraigando otras iniciativas como las ya adoptadas en alguna diócesis española de cesión de inmuebles de titularidad eclesiástica para alojamiento de familias desahuciadas de sus viviendas por los bancos, en el ámbito de la grave crisis económica que estamos padeciendo.

Finalmente, cabría hacer un último apunte, en relación con la necesidad de que la Iglesia española se decida a promover la difusión de la Doctrina Social de la Iglesia, en particular, y de la moral social, en general, como palabra profética para estos tiempos convulsos en lo económico, lo político y lo social, de forma que el fiel cristiano tenga su reflexión propia sobre esos ámbitos a la luz de los principios morales del Evangelio de Jesús.

viernes, 23 de enero de 2015

LA LLAMATIVA APELACIÓN DEL PAPA FRANCISCO A LA PATERNIDAD RESPONSABLE


El Papa Francisco se siente libre, como cristiano y hombre de Dios, y con su lenguaje sencillo y directo, afronta la variedad de situaciones humanas con una claridad meridiana y nos confronta con el Evangelio de Jesús para que nos percatemos sobre el seguimiento del mismo en nuestra vida.
Así, por su personalísima y llamativa forma de abordar ciertos temas, el Papa Francisco ha ido ganándose los titulares de la prensa, pero también la confianza y el corazón del pueblo, creyente y no creyente, pues todos le reconocen su autenticidad y su forma directa, sin ambages, pero también su profunda comprensión de lo humano.
En ese marco, y con ese estilo directo, el Papa Francisco hizo unas importantes y llamativas declaraciones ante los periodistas que le acompañaban en el vuelo de regreso de su viaje a extremo oriente, en el que abordó la cuestión de la paternidad responsable, enfatizando su observancia, llegando a utilizar un lenguaje coloquial de la calle, al señalar el equivocado planteamiento de quien se cree muy cristiano por tener muchos hijos, advirtiendo que no se pueden tener hijos como conejos, concluyendo en la necesidad de guiarse por la paternidad responsable, que subrayó con la afirmación de que estaba claro.
En este punto, hemos de reflexionar sobre la cuestión, y no caer en el escándalo farisáico –propio de los “buenos”-, de los supuestos cumplidores de la ley (una ley que es más una derivación lógica humana, que realmente un precepto divino); pero al propio tiempo, tampoco podemos caer en la laxitud total del egoísmo hedonista, en el que prácticamente todo vale, si así me parece, y lo acabo justificando.
La paternidad responsable enunciada por el Papa Pablo VI en la encíclica Humane Vitae, según el siguiente tenor:
“En relación con las condiciones físicas, económicas, psicológicas y sociales, la paternidad responsable se pone en práctica ya sea con la deliberación ponderada y generosa de tener una familia numerosa, ya sea con la decisión, tomada por graves motivos y en el respeto de la ley moral, de evitar un nuevo nacimiento durante algún tiempo o por tiempo indefinido”.
Al tiempo que la realidad muestra que una paternidad irresponsable trae una secuencia de efectos indeseables como:
l  Mayor número de hogares vulnerables, con jefatura femenina y sin aportes alimentarios.
l  Mayor número de niños y niñas sin registro oficial.
l  Mayor incidencia de embarazos adolescentes.
l  Cuidado deficiente de niños y niñas, en detrimento de su salud y educación.
l  Menor permanencia y rendimiento en la escuela.
l  Violencia intrafamiliar, carencias afectivas.
l  Más niños de la calle.
l  Mayor incidencia de trabajo infantil.
l  Mayor exposición a explotación sexual, a redes de drogadicción y criminalidad.
Y como mínimo, en el mejor de los casos, una falta de atención en los requerimientos afectivos de un número de hijos, que muchas veces no se pueden mantener económicamente, obligando a los progenitores a un esfuerzo excesivo, incluso de pluriempleo –cuando les resulta posible-, que les aleja muchas horas del hogar familiar y de la cercanía de sus hijos, aun cuando sea con la legítima intención de poder sacar adelante a todos los hijos, en una sociedad en que los costos de la vida ordinaria cada día suben en una proporción que los salarios no suelen alcanzar. Siendo especialmente grave en situaciones de crisis económica y de empleo.
Por consiguiente, habría que apelar a una estimación realista de la situación de cada familia, de sus posibilidades económicas, de salud, en relación con los hijos que ya se tienen, para poder atenderles responsablemente con el cuidado, el cariño y la aportación económica del mínimo de bienestar requerido para una vida y educación digna.

Consecuentemente, conscientes que en este tema el Magisterio de la Iglesia fue clarificado con la doctrina de la Paternidad Responsable, resulta necesario y en conciencia, que toda la Iglesia la tenga en consideración, que los pastores la den a conocer al pueblo de Dios en sus verdadero alcance, tratando de alertar a aquellos que siguen fomentando la procreación a ultranza como mandato divino, sin instruir adecuadamente a toda la feligresía cristiana sobre las condiciones que deben acompañar a la paternidad, desde la responsabilidad de los padres, en conciencia ante Dios, valorando su realidad y posibilidad.

domingo, 4 de enero de 2015

MONSEÑOR BLAZQUEZ ES NOMBRADO CARDENAL



              El actual arzobispo de Valladolid, y presidente de la Conferencia Episcopal Española, Mons. Ricardo Blázquez Pérez, accede al capelo cardenalicio por nombramiento pontificio del Papa Francisco, según ha anunciado entre un total de quince nuevos cardenales de diferente procedencia.
                Mons. Ricardo Blázquez es un abulense nacido en la posguerra, que fue ordenado sacerdote a finales de los años sesenta, siendo destacable su formación teológica, a la que dedicó también docencia en la Universidad de Salamanca de la que llegó a ser su decano, para posteriormente acceder al episcopado en 1988, estuvo como obispo auxiliar de Santiago de Compostela, de donde pasó como obispo titular de Palencia en 1992, y en 1995 fue nombrado obispo de Bilbao, para pasar finalmente como arzobispo de Valladolid el 2010.
                En este tiempo ha sido dos veces Presidente de la Conferencia Episcopal Española, siendo la segunda la que actualmente desempeña, sustituyendo en la misma al Cardenal Rouco.
                Destaca por ser un hombre de consenso y diálogo, como lo ha demostrado en algunos de sus destinos especialmente en la diócesis de Bilbao, donde no fue bien recibido por que el nacionalismo vasco esperaba un prelado autóctono, pero que supo granjearse el respeto y aún el cariño de sus fieles, e incluso de la propia clase política vasca, uno de cuyos más significados representantes se refirió a él a su llegada como “.. un tal Blazquez…”.
                Sin embargo, ese “tal Blázquez” con su respeto, su capacidad de diálogo, su sólida formación teológica, y su saber estar ha sabido ganarse el respeto de toda la ciudadanía de los distintos lugares por donde ha pasado. Siendo especialmente querido y recordado por sus alumnos de teología de Salamanca.
                Pero sobre todo, en la máxima representación de la Iglesia española, desde la presidencia de la Conferencia Episcopal Española, ha tomado el relevo del Cardenal Rouco, y junto con Mons. Osoro han mostrado la nueva cara de la Iglesia española, especialmente de su jerarquía, en la línea marcada por el Papa Francisco de pastorear a las ovejas, de acercarse a la feligresía, asistirla, acompañarla, evitando cualquier tics de autoritarismo trasnochado.
                Por consiguiente, bienvenido el nombramiento de cardenal de Mons. Blázquez, al tiempo que merecido y oportuno, como esperado es el de Mons. Osoro, que próximamente pudiera ser dado a conocer por el Papa, en otra ocasión parecida, y acaso no pase demasiado tiempo. Lo cual, ha de ser estimado como una gracia para la Iglesia española, pero también ha de ser considerado como signos de cambio en personas y estilos.


sábado, 6 de diciembre de 2014

EL PAPA FRANCISCO DA IMPORTANTES AVANCES TESTIMONIALES EN EL ECUMENISMO


La actitud sencilla, serena y abierta del Papa Francisco  está logrando acercamientos en el diálogo interrreligioso y en el proceso de acercamiento ecuménico, como lo muestran sus recientes viajes a Turquía y anteriormente a Tierra Santa.
En uno y otro viaje ha puesto de manifiesto su cercanía respecto de los hermanos separados, especialmente con las Iglesias de Oriente, para lo que ha contado con la inestimable comprensión y convergencia del Patriarca ortodoxo Bartolomé I, que tanto en el anterior viaje de Francisco a Jerusalén, como ahora en Turquía, se ha mostrado de acuerdo con el planteamiento de Francisco, por la unidad de los cristianos. Algo que aunque haya de tardar su tiempo, pues los tiempos de la Iglesia suelen ser lentos, en las actitudes de los máximos representantes de las Iglesias oriental y católica romana está patente.
Atrás quedaron las mutuas excomuniones, las intransigencias doctrinales, en definitiva el fundamentalismo fruto de la soberbia humana, que tanto daño reportó como pecado mutuo a ambas Iglesias que siguen a Jesucristo de forma no muy conforme con su mandato de amor y de unidad.
Por tanto, este aspecto, del que son conocedores Francisco y Bartolomé, no pasará desapercibido en sus orientaciones a las respectivas Iglesias para ir convergiendo progresivamente, en vez de vivir ignorándose en un público pecado que ha venido escandalizando históricamente a la humanidad.
Así, dado que las diferencias teológicas y doctrinales son mínimas, e incluso apenas perceptibles en la actualidad, más allá de las diferentes liturgias y comportamientos culturales, lo esencial es la comunión de espíritu que ambos dignatarios religiosos han manifestado y mantienen, por lo que supone un gran paso en el ámbito ecuménico hacia el muto entendimiento, comprensión y respeto; y acaso las diferencias puedan sostenerse, más como aspectos culturales (de oriente y occidente, respectivamente), que finalmente puede ser presentado como una diversidad dentro de la unidad de fe que en esencia se comparte, pudiendo perfilarse como un especial perfil carismático, o modo de peculiar de entender y vivir la fe en uno y otro ámbito.
De igual forma, también han sido exitosas las palabras de Francisco en Jerusalén ante el mundo judío e islámico, en relación con sus respectivas creencias religiosas, acogidas en tono de respeto, en la línea que el Concilio Vaticano II señaló como semillas del Verbo que también asisten y fecundan otras religiones, que siendo distintas a la nuestra, también participan por esas semillas en algunos de los valores humanos fundamentales de la fe de Cristo, especialmente en el judaísmo –que fue la fe en la que nació y vivió Jesús-, de la que el cristianismo consideramos que es la Nueva Alianza, que ratifica y perfecciona aquella Antigua Alianza de Dios con Moisés. En tanto que del islam Francisco ha llegado a decir que el Corán es un libro profético de paz, lo que no ha sido óbice para que repudiara el fundamentalismo islámico y especialmente su intransigencia y su violencia.
Finalmente, la visita al Parlamento Europeo del Papa Francisco ha sido una interesante experiencia en razón a la interesante alocución que les dirigió a los políticos de la UE postulando la defensa de la justicia social y de la paz, apremiándoles a acabar con las injusticias en el mundo; por consiguiente, este acercamiento al mundo gubernamental laico europeo ha sido otro importante logro de Francisco para posicionar a la Iglesia católica en la defensa de los valores de la persona en particular y de la humanidad en general, en demanda de la justicia que corresponde a toda persona en tanto que hija de Dios y digna de ello.

Por consiguiente estos viajes del Papa Francisco, que no resultan nada fáciles de acometer en un mundo complejo y convulso por las diferencias políticas, económicas, religiosas y sociales que lo fragmentan y dividen, son decididas acciones de distensión y cohesión que el mundo ha de reconocer al Papa en la importancia y alcance que tienen, al tiempo que para la Iglesia católica supone abandonar el puesto privilegiado de poder del viejo orden mundial, para mostrarse agente activa de la paz y la concordia que el Evangelio de Cristo le impone.

sábado, 1 de noviembre de 2014

TENSIONES ECLESIALES EN EL ÚLTIMO SÍNODO DE LA FAMILIA


En el Sínodo sobre la Familia convocado por el Papa Francisco, para escuchar a la Iglesia sobre la actual situación de la familia en el mundo, y la posible adaptación eclesial a alguna de las nuevas realidades familiares, se ha producido un profundo y polémico debate, que pone de manifiesto importantes diferencias en el propio seno de la Iglesia en cuanto a determinadas concepciones del depósito de fe y su aplicación a nuevas realidades humanas.
Algo que el Papa Francisco ya sabía desde su convocatoria, y que probablemente por ser consciente de esas diferencias de percepción y criterio, convocó el referido Sínodo en la necesidad de reflexionar en el interior de la Iglesia sobre las nuevas realidades familiares, que han de motivar un análisis y debate para su acometida y acercamiento pastoral.
Sabido es que resultan cuestiones complejas, desde el punto de vista humano –con el consiguiente sufrimiento, que conlleva cualquier ruptura matrimonial, ruptura del amor y fracaso del proyecto matrimonial y familiar concreto, con rostros de personas sufrientes, muchos de ellos hermanos en la fe-, pero no menos complejas desde el punto de vista doctrinal, si se quiere apostar por una línea de infalible ortodoxia, que lleva quizá a deshumanizarse, y por paradoja, a descristianizarse. Acaso por aquello que la perfección no es humana, aunque hayamos sido llamados a la perfección en Cristo, por su gracia y puro don de su liberalidad, pues sin El, nada somos, como dijo el apóstol Pablo.
Pero no es menos cierto, que junto con el nuevo mandamiento del Amor, Jesucristo infundió una ética de misericordia a todo el comportamiento cristiano, se reunió con pecadores, no rehusó el conflicto con la legalidad, apelando al Espíritu, frente a la letra de la ley, sin por ello necesariamente derogar la ley, sino como bien dijo, a darle pleno cumplimiento, en el marco del Amor a Dios y a los hombres, en un marco de misericordia y de perdón.
Resulta pues, considerar el tema en ese contexto (de misericordia, de perdón, de acompañamiento, de no rechazo, de no juzgar, de aliviar sufrimientos al hermano que los padece, de evitar que se pierda). Por consiguiente, en ese contexto entendemos al Papa Francisco, que ante todo se siente Pastor de sus ovejas (las que Dios le ha entregado) para que no se pierda ninguna, y así ha decidido de forma valiente abordar un tema vidrioso y difícil como es la consideración de las nuevas realidades familiares, y en particular de los divorciados vueltos a casar, cuya situación de irregularidad nadie ignora, pero frente a la posición legalista de reprobación, e incluso rechazo farisaico, el Papa Francisco y la mayoría de los padres sinodales asumiendo tal situación, hacen primar la consideración de la misericordia y del amor, invitando a no juzgar al prójimo sino a cuidarlo, quererlo y acompañarlo, sea quien sea, y esté como esté, a facilitarle que pueda acercarse a la “Casa del Padre” a “curar sus heridas” de las dificultades de la vida, y a implorar el perdón de Dios.
En esta situación, ¿quién legítimamente está en condiciones de negarle su participación en la “Mesa del Padre”?, ¿sobre qué pretexto de pureza moral y espiritual se le niega la convocación a la “Mesa paterna”, cuando el mismo Jesús nos dijo que lo impuro no es lo que nos hace daño (lo que viene de fuera), sino lo que tenemos en el corazón cada persona?, ¿quién se atreverá a lanzar la primera piedra, asumiendo estar libre de pecado, juzgando y condenando en el nombre de un Dios que es Amor y Misericordia?.
Por tanto, este valiente y decidido gesto del Papa Francisco en hacer reflexionar a la Iglesia sobre estas difíciles cuestiones, que se mueven en sutiles líneas de pensamiento y obra, no es sino uno de los primeros pasos para volver a la Iglesia ante Cristo, para conocerle mejor, y seguirle mejor. Esta Iglesia del S.XXI tiene que volver sobre Cristo y dejar el legalismo farisaico, y el doctrinarismo de la falsa seguridad que posterga la humanidad sufriente de Cristo.

Naturalmente, toda reflexión sobre cuestiones complejas que afectan a replanteamientos de vida y doctrina, suelen ser no menos complejos, e incluso a no pocos les genera el vértigo de la duda ante un cambio de rumbo o tratamiento de determinadas cuestiones que se reconsideran de forma distinta, pero esa angustia de la incertidumbre, de la inseguridad, el cristiano ha de llevarla a la oración, primando la misericordia y mostrándose criatura ante el Amor de los Amores, que nos sostiene y nos muestra su camino. Por lo que no debe de escandalizarnos, ni preocuparnos que haya algunos padres sinodales inquietos y conmovidos con novedosos abordajes que no acaban de compartir o ver. El Señor se los irá haciendo ver, e incluso nos mostrará a todos el camino con el discurrir del tiempo, hasta su manifestación definitiva, según nuestra fe y nuestra esperanza.

domingo, 19 de octubre de 2014

BEATIFICACIÓN DE PABLO VI


                 El Papa Francisco, que recientemente promovió las canonizaciones de sus antecesores Juan XIII y Juan Pablo II, ha dispuesto la beatificación de Pablo VI, que ha tenido lugar en una solemne y multitudinaria ceremonia litúrgica presidida por el Papa en la plaza de San Pedro del Vaticano.
                Giovanni Battista Montini, nacido en Concesio, provincia italiana de Brescia, el 26 de septiembre de 1897, desde joven cursaría estudios eclesiásticos, ordenándose sacerdote en 1920, continuando estudios de Derecho Canónico en los que se doctoraría, entrando a formar parte de la Secretaría de Estado de la Santa Sede en 1922, con 25 años de edad, en donde realizó gran parte de su carrera eclesiástica en la diplomacia vaticana, con alguna estancia en nunciaturas como la de Polonia para volver a Roma en 1931 como profesor de la Academia Pontificia para diplomáticos, ascendiendo progresivamente en diversos puestos diplomáticos de la Santa Sede, destacando en su misión durante el gobierno de Musollini –que lo reprobó en varias ocasiones- así como su labor durante la II Guerra Mundial a favor de los refugiados  y prisioneros de guerra, llegando más tarde, a principio de los años cincuenta del pasado siglo, a ser estrecho colaborador del Papa Pío XII, que lo nombró arzobispo de Milán en 1955, pasando de la burocracia vaticana a un oficio pastoral directo, que tanto agradeció, gustando tener reuniones con intelectuales y artistas. Accediendo al cardenalato en 1958, y en 1961 el Papa Juan XXIII le nombrará para Comisión Prepraratoria Central del Concilio, para lo que le pidió se trasladara al Vaticano, lo que así hizo, teniendo una importante participación en la preparación y desarrollo del Concilio Vaticano II, que aunque lo convocara su antecesor, hubo de concluirlo como Papa Pablo VI – tras su elección en cónclave de 1963- .
                Pablo VI fue un intelectual de formación ilustrada, abierto al diálogo, serio, introspectivo, pero eminentemente respetuoso, que tenía fama de progresista en la Iglesia católica de su tiempo, haciendo un intento de profunda divulgación de la doctrina católica en todos los foros de actividad social, económica, laboral, etc; destacándose por su especial interés y dedicación al apostolado de los laicos. Concluyó el complejo Concilio Vaticano II con unas prioridades centradas en: una mejor comprensión de la Iglesia, la renovación eclesial, la restauración de la unidad de los cristianos, y el diálogo con el mundo contemporáneo. Logrando una puesta al día de la Iglesia, en la línea del señalado aggiornamento por parte de Juan XXIII.
                Así fue fundamental en su pontificado la reforma de la liturgia eclesial, consecuencia del Concilio Vaticano II y de la propia Iglesia, su apuesta por el diálogo ecuménico  e interreligioso, la reforma de la Curia Vaticana con la instauración del Sínodo de Obispos, y el diálogo con toda la humanidad como medio de encontrar la verdad, desde la consideración de respeto e igualdad de todos los participantes en el diálogo, para entre todos lograr la verdad.

                Por consiguiente, con esta beatificación, se logra ensalzar la figura pastoral y pontifical de Pablo VI, como lo han sido los procesos de canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, que han sido pontificados de enorme relevancia en la Iglesia contemporánea, y en especial de ponerla al día al tiempo que volver a las raíces evangélicas de Cristo, en la línea de desarrollo conciliar del Vaticano II, que refleja el fino talante de reconstrucción evangélica del pontificado de Francisco.

lunes, 15 de septiembre de 2014

EN ITALIA TRAS LAS HUELLAS FRANCISCANAS


El que esto escribe ha participado de una peregrinación franciscana por Italia tras las huellas de San Francisco, como uno de los grandes santos de la cristiandad, exponente de la vivencia evangélica íntegra, en lo que supone un riguroso seguimiento de Jesús.
Estos días de peregrinación por tierras de Italia han sido una gran bendición para los que la hemos realizado, pues hemos tenido la ocasión de acercarnos a una de las experiencias de fe más profundas, como es la franciscana, en el legado que tanto Francisco como Clara de Asís han dejado a sus seguidores y  en general a la cristiandad.
Como en toda peregrinación, se llevó la intención de acercarnos desde nuestra experiencia de fe al testimonio y vida de los grandes santos de la familia franciscana, pudiendo vivenciar en su legado, los lugares donde vivieron y dieron testimonio de su fe, cómo se fiaron de Dios profundamente, poniéndose en sus manos, viviendo en profundidad su Evangelio, en la humildad de los últimos, con la pobreza evangélica del que todo lo pone en manos del Señor, su austeridad –que nos denuncia tanta comodidad y tanto consumismo de la vida moderna-, sus fraternidades –auténticas casas de acogida de hermanos iguales, y honda espiritualidad- en los que se conjugaba el amor a Dios y a los hombres –hermanos en el Señor-. ¡Toda una rica experiencia de fe!. ¡Qué gran ejemplo!. ¡Qué revulsivo para imitar!.

Lugares como Padua, donde está enterrado San Antonio, ese gran sabio franciscano, que asumió el estilo humilde, pobre y de servicio de Francisco, habiendo dejado de lado sus éxitos académicos y profesionales, para dedicarse a la oración y al servicio a los demás. En Padua todo rezuma recuerdos del santo franciscano, al que en Italia se le venera con gran reverencia, como queda testimoniado por los numerosos escritos, flores y fotografías de feligreses que se han dejado en su tumba, en las numerosas peregrinaciones que recibe habitualmente en la basílica de esta ciudad del norte de Italia.

También resultó sobrecogedora la visita al monte La Verna, en medio de un bosque montañoso de la región italiana de La Umbría, a unos 1.200 mts. sobre el nivel del mar, en que se alza también otra basílica franciscana que recuerda la estancia de San Francisco en las cuevas donde oraba, y en las que le aparecieron los estigmas de Cristo.
No menor impresión suscitaron el Monasterio de Greccio excavado en plena piedra de un alto monte, donde Francisco creó el primer belén; o incluso las cárceres (cuevas) de Asís en que en medio del monte Francisco y sus frailes se retiraban a orar viviendo en unas cuevas con el rigor propio de su pobreza y del medio forestal.
Siendo de resaltar, Asís ciudad natal del santo italiano, en la que se erige un complejo eclesial en el extremo elevado de la misma, con dos basílicas superpuestas que le recuerdan, donde reposan sus restos mortales, y al que peregrinan miles de personas, en recuerdo del patrón de Italia. Y ello, sin olvidar a Clara, fundadora de la orden segunda franciscana (clarisas) cuyo recuerdo aún permanece vivo en el pequeño y modestísimo convento de San Damián en la campiña de Asís, y en la basílica que se construyó posteriormente en su memoria en el mismo pueblo, donde reposan sus restos mortales.

La basílica de Ntra. Sra. de los Ángeles, al pie de la montaña de Asís, construida por orden papal para albergar la pequeña cabaña de la porciúncula donde S. Francisco y sus frailes iniciaron su andadura, y donde la devoción popular hace que se concentren habitualmente gran número de feligreses a rezar, siendo de reseñar el multitudinario y emotivo rezo del rosario con ulterior procesión con antorchas acompañando a la virgen por la amplia plaza de la basílica, al canto de himnos marianos, que ponen de manifiesto la gran devoción que se siente en Italia por la figura de María, y también de los santos franciscanos.
En definitiva una grata experiencia religiosa, recomendable para el que pueda realizarla, pues toda peregrinación supone una salida del ámbito personal y rutinario, para buscar el encuentro con el Misterio de la fe, en sus diversas manifestaciones que lo testimonian.


Para concluir, cabe mencionar la obligada visita a Roma, donde tuvimos ocasión de asistir a la habitual audiencia de los miércoles con el Papa Francisco, en la que la plaza de S. Pedro estaba a rebosar con una estimación en torno a las 20.000 personas, donde tuvimos ocasión de escuchar a este gran Pastor que nos ha propiciado el Espíritu, que nos instruyó sobre las obras de misericordia, cuestión que no es baladí para nuestra fe.

jueves, 28 de agosto de 2014

MOVIMIENTOS CLAVE EN EL EPISCOPADO ESPAÑOL


El Papa Francisco, tras poco más de un año de su pontificado, empieza a aprovechar los relevos episcopales –por las forzosas jubilaciones de algunas mitras- para hacer los nombramientos que estima más acordes con su nueva línea pastoral. Así aprovechando el retiro de Mons. Rouco Varela –precisamente en este día de S. Agustín-, ha designado para la archidiócesis de Madrid a Mons. Osoro –arzobispo de Valencia-, y en el lugar de éste en Valencia, ha nombrado a Mons. Cañizares.
            En cuanto al primer movimiento –como ya comentamos en nuestro anterior artículo-, parece que tiene su lógica por cuanto supone un estratégico puesto de la Iglesia española, para imprimirle a esta los aires de renovación eclesial que propugna el Papa Francisco, en una línea de retorno abierto al Evangelio (servicio y primacía por los pobres, austeridad, sencillez, presteza en la atención a la feligresía, fraternidad eclesial, etc.).
            Sin embargo, el nombramiento para la archidiócesis de Valencia del cardenal Antonio Cañizares, no parece que sea un movimiento en la misma línea, puesto que Cañizares –ahora más discreto en sus últimas declaraciones, en la línea del nuevo pontífice, se ha adaptado a los nuevos tiempos-, puesto que no lejos están sus diatribas desde la cátedra de primado de Toledo desde donde ejerció un magisterio y una pastoral de línea más tridentina que vaticana, sin mencionar aquellas fotos que se publicaron de él presidiendo un acto litúrgico de un grupo tradicionalista en la que aparecía vestido como un cardenal del medievo con una cola de varios metros de extensión, sobrellevada por varios oficiantes, impropias de una Iglesia postconciliar, y aún más evangélica, que dio paso al ridículo público y hasta al escándalo.

            Además, del paso de Mons. Cañizares por la curia vaticana apenas va a quedar huella de su labor y obra al frente de sus responsabilidades, y más bien parece que su presencia en la misma estaba amortizada, por lo que su nombramiento en Valencia –su tierra natal- bien pudiera interpretarse como una forma de quitarlo del círculo próximo del gobierno eclesial romano, con el señuelo de la sede arzobispal de su “patria chica”, como paso previo a la obligada jubilación.
            Pues aunque Cañizares haya captado pronto el nuevo tono pontifical y procure su reproducción por medios propios, no hace sino presentarle como un probabilista adaptativo, que se “aggiorna” con docilidad; de manera tal, que este movimiento no aparenta tanto ser de tipo renovador sino “despejador”, para que deje paso en su actual puesto de la curia a persona de mayor sintonía con el actual pontífice.
            Y es que a diferencia de un relevo gubernamental, en cualquier país del mundo, en que el nuevo presidente puede nombrar sus ministros y sus prefectos o delegados gubernamentales afines, en provincias; en la Iglesia, los cargos episcopales son vitalicios hasta la jubilación o renuncia del interesado, de manera que los cambios de sintonía en la cadena jerárquica eclesial suelen llegar con cierta demora, salvo en el caso de “conversos” que ya se saben que se muestran con extraordinario entusiasmo.
            Sin embargo, hoy día de S. Agustín, acaso sea bueno recordar el lema de la familia agustiniana (“ánima una et cor unum in Deum”) para desterrar cualquier tipo de cabildeos, desuniones y disensiones en el seno de la propia Iglesia, más allá de las sensibilidades carismáticas existente en la misma, que por el contrario la enriquecen.

            Por ello, en la esperanza de ser conducidos por el Espíritu –que sopla donde quiere y cuando quiere- en la singladura de la barca eclesial, consideremos que todo haya de ser para mayor gloria de Dios.