lunes, 30 de marzo de 2015

LAS PROCESIONES DE SEMANA SANTA: ¿FENÓMENO RELIGIOSO O CULTURAL?


La Semana Santa, que culmina en la Pascua de Resurrección, es un tiempo especial para el cristianismo –de forma análoga a como también lo es la Navidad-, pues en este tiempo se rememora la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Un misterio singular que revela la condición humana y misericordiosa de Dios, junto a la condición inhumana del ser humano, cuyo resultado concluye en la Resurrección, en consecuencia en la Esperanza de la redención y de la inserción en la Gloria de Dios, según el plan divino sobre el hombre y la creación. Tal planteamiento podría ser la síntesis de las profundas reflexiones sobre los sucesos de hace dos milenios en Jerusalén.
Si bien, esas reflexiones son las que deben acompañarnos estos días –junto con la oración y el silencio- a los cristianos en todo el orbe, para lo cual hemos de salir de nuestras rutinas, preocupaciones, ambiciones y legítimas aspiraciones, para que el “ruido vital” no nos impida profundizar en tales misterios ante los que abrir el oído, el entendimiento y todos los sentidos para que Dios ilumine nuestro tránsito por esta vida, le dé sentido a la misma de forma que más allá de sí misma obtengamos un sentido que la trascienda, apoyados en la fe –en la confianza en las Palabras de Dios- para que nos abra a la Esperanza venidera en que la Caridad sea lo propio –no la excepción-.
En ese contexto, la Iglesia celebra su liturgia propia de este tiempo (oficios, y pascua de resurrección) que ayuda a los cristianos a tener presente estos misterios de la fe, a celebrarlos comunitariamente y a ponerse en disposición de vivirlos con auténtico sentido de la conversión del corazón humano (o sea, de la centralidad de la persona).
Ahora bien, en España –especialmente en algunos lugares- existe la tradición derivada de la Contrarreforma, de sacar procesiones religiosas rememorando la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, en las que si bien se enfatiza la crueldad de la pasión y muerte (minorando el hecho glorioso e importantísimo de la resurrección), en un contexto propio contrarreformista –poco adecuado al momento histórico-religioso actual-, pero que ha arraigado en las costumbres y tradiciones populares, llevando una religiosidad popular implícita (acaso algo desfasada y poco profunda, o por mejor decir, más sentimental), que ha movido a muchas personas en su entorno, que merece el correspondiente respeto fraterno, en la medida en que les pueda ayudar a la comprensión de tan insondables misterios.

Pero al propio tiempo, ese fenómeno procesionista se ha ido nutriendo de tradición / tradicionalismo, no siempre bien enfocado en el ámbito evangélico de la vida y obra de Jesús, e incluso se ha llegado a deslindar su parte de tradición/ cultural, de la propia de tradición / religiosa (de la que emergió). Siendo en esa deriva de tradición / cultural, donde acaso veamos la necesidad de rectificar desde el punto de vista eclesial para tornar a las raíces religiosas de dicho fenómeno, e incluso de ayuda pastoral de rememoración de la Pasión al pueblo en general. Naturalmente, tal hecho, sin menoscabar la importantes consecuencias de este fenómeno en el aporte cultural y artístico que le ha ido acompañando con los años, pero teniendo claro que el valor profundo no es tanto cultural –aunque también lo tenga, pero puede ser objeto de apreciación museística-, cuanto religioso o de creencias en las que el aspecto artístico acompaña y ayuda a la catequesis pública de la procesión (a mostrar las escenas de la pasión en un relieve escultural grandioso), pero no es lo esencial, ya que esto sólo resulta del cuestionamiento meditativo de cada persona ante la contemplación de tales misterios, para que sobre todo ello, su vida pueda dar un vuelco de conversión evangélica en espíritu y verdad (como dijo Jesús, al referirse a la oración), de donde se deriven consecuencias comunitarias y personales profundas de amor, solidaridad, respeto, piedad, etc., y no sólo de ritual, de escaparatismo (de fariseísmo), como tampoco de exhibición pública a modo de cabalgata, una y otra actitud estarían lejos del espíritu cristiano en la rememoración de los misterios de Semana Santa.

domingo, 29 de marzo de 2015

ACAMPADA DE SEMANA SANTA DEL GRUPO SCOUT LOYOLA DE MURCIA


           El grupo Loyola del movimiento Scout Católico de Murcia ha realizado una acampada de convivencia este fin de semana –con el comienzo de la Semana Santa- en la pedanía de la Almudema (Caravaca).

            En un paraje rural del interior de la provincia de Murcia, los Scouts del grupo Loyola han llevado a cabo una acampada para propiciar la convivencia de los distintos grupos en que por edad se organiza el Centro Loyola del Movimiento Scout Católico.
            Ha sido un fin de semana en el que han tenido ocasión de realizar actividades comunitarias propias del movimiento scout, con la consiguiente convivencia que propicia el aprendizaje de valores humanos y valores cristianos, como los del compañerismo, la solidaridad, la verdad la autenticidad, la responsabilidad en el compromiso comunitario asumido, etc.

            Además han tenido lugar las promesas de nuevos miembros que se han incorporado al grupo, que junto a la Eucaristía –presidida por el consiliario, el P. Justo Prieto S.J.- han llevado la emoción y supuesto las vivencias más profundas de esta convivencia.

            De manera que el último día, el domingo, ha tenido lugar el día de la familia, en que los padres de los Scouts acampados han sido invitados a los actos comunitarios del día, en los que también han participado, junto  actos lúdicos de entretenimiento (bailes, concursos de postres, etc.) que ha concluido con una comida de hermandad, entre todos los presentes.


            Poniéndose de relieve la benemérita labor de estos grupos –que en el ámbito de la Iglesia- se dedican a la formación humana y cristiana de niños, adolescentes y jóvenes, en lo que representa una importante labor educativa de los jóvenes compartida con las familias, en el ámbito del ámbito del humanismo cristiano.

miércoles, 18 de marzo de 2015

¿EL PAPA FRANCISCO: “RENOVACIÓN ECLESIAL” O “TORMENTA DE VERANO”?


En el segundo aniversario del acceso al pontificado del cardenal Bergoglio, como Papa Francisco, es común ver análisis diversos en los que se subraya el peculiar estilo del nuevo Papa y su empeño fundamental en renovar la Iglesia, pero pocos llegan a atisbar o apostar por el alcance de sus pretendidas reformas eclesiales.
Esto último nos parece particularmente interesante, por cuanto la reforma eclesial es algo más que una necesidad, lo demanda la cristiandad y en cierta medida la continuidad de esta misma, ante el grave proceso de secularización habido en su seno, en el que también se ha dado una reacción conservadora de porte fundamentalista, volviendo a plantear la necesidad de una “Iglesia de trinchera”, a la defensiva del enemigo exterior e interior, so pretexto de heterodoxia y aún herejía.
Resulta muy lamentable contemplar algunas manifestaciones de personas de Iglesia, especialmente algunos clérigos y hasta algún prelado, que desde tesis fundamentalistas apelando a la ortodoxia y a la obediencia empiezan por manifestarse desobedientes, discrepando y criticando al propio Papa Francisco. Aunque tal actitud, sea contradictoria con algunos de sus propios planteamientos, suele ser “condición humana”.
Pero siguiendo con nuestro análisis, habría que empezar por preguntarse: ¿qué Iglesia heredó el Papa Francisco?.  A esta pregunta habría que contestar que recogió una Iglesia conservadora (recompuesta sobre su intento de apertura y renovación del Vaticano II, por Juan Pablo II –que venía de la Iglesia polaca, conservadora, atrincherada ante las amenazas externas de los totalitarismos nazi y comunista-, que no desarrolló plenamente los postulados conciliares, dejando pendiente la reforma eclesial, propiciando un neoconservadurismo eclesial), lo que determinó que la mayoría de la jerarquía eclesial sea conservadora, con la que el Papa Francisco viene a ser un “verso suelto”.
Además heredó una estructura medieval de gobierno eclesial, jerárquica, autoritaria, distanciada de la realidad histórico-temporal, con corruptelas internas y escándalos varios, en lo que suponían conductas morales nada evangélicas ni siquiera existencialmente edificantes, ante las que el Papa Ratzinger se mostró débil y traicionado por su círculo íntimo, que le llevó a tomar la honorable decisión de dimitir, ante la impotencia personal de poder cambiar tal estado de cosas.
De todo ello, emergió Bergoglio (primer Papa jesuita) que venía de una realidad eclesial en las antípodas de la curial, que pronto llegó a la idea de un drástico cambio en la curia romana, que además impuso un estilo personal de austeridad, sencillez, cercanía y claridad, como apenas utilizaron ninguno de sus antecesores, que conectó pronto y bien con el Pueblo cristiano y no cristiano, que asistía admirado de la valentía y entereza de un Papa que empezaba a llamar a todos a la Verdad evangélica de forma clara y directa, al punto que los sectores más ortodoxos se empezaron a preocupar por tanta locuacidad papal, que venía a poner “patas arriba” el statu quo eclesial de siglos, y que denunciaba con rotundidad actitudes hipócritas y pecados eclesiales sin ambages ni disimulo, en los que ha apelado al clero para que sean “pastores” que huelan a oveja (que se acerquen a su pueblo, que lo pastoreen y cuiden), a los obispos para que trabajen más en sus diócesis (que no sean obispos de aeropuerto, siempre de viaje), apelado a la paternidad responsable (rechazando la imagen de “mujer coneja” mera paridora de hijos), y a la universalidad del carisma cristiano ejercido con autenticidad (distinto de ser “numerario” de una secta), etc., etc.
Naturalmente todas esas afirmaciones no han pasado desapercibidas, ni de balde, pues mientras para el pueblo cristiano ha supuesto una auténtica “primavera eclesial” el pontificado de Francisco, para sectores ortodoxos (entre los que cabría contar a gran parte de la jerarquía eclesial, nombrada por sus predecesores), tales afirmaciones sería un despropósito inaceptable en un Papa, cuando no un desvarío de un “jesuita filocomunista”, que en el mejor de los casos hay que esperar que su pontificado sea corto, y todo esto pase rápido, para que esos sectores vuelvan a retomar el control pleno de la Iglesia.
Ni que decir tiene, que las grandes y graves resistencias a las reformas eclesiales del Papa Francisco vienen de esos sectores conservadores, que prefieren una “Iglesia- trinchera” (a la defensiva, supuestamente perseguida, enfrentada al mundo, guardiana de una ortodoxia doctrinaria, más que de una fe evangélica libre).
En ese contexto, el pontificado de Francisco puede ser un corto paréntesis, en la involución eclesial dada desde final de los años setenta del pasado siglo, si Francisco no logra acelerar sus reformas, y si estas no logran cambiar las raíces de una Iglesia medieval autoritaria, clerical, jerárquica, doctrinaria y por naturaleza conservadora, y trasladarla al S. XXI desarrollando los postulados del Concilio Vaticano II, más abierta al mundo, más evangélica, coherente, sencilla, profética que invite a una auténtica conversión vital (un cambio de vida existencial) desde la experiencia madura de la fe en libertad, en el Pueblo de Dios (sin manipulaciones clericales).

Por ello, cabría preguntarse si el pontificado de Francisco supondrá una “revolución eclesial” (que está aún por llegar), o acabará siendo una “tormenta de verano” (como parece vislumbrarlo el sector más ortodoxo de la Iglesia, que espera que pase pronto).

sábado, 14 de marzo de 2015

MANIFESTACIÓN DE CONCIENCIA EN MURCIA CONTRA LOS DESAHUCIOS


             Un pequeño grupo de cristianos se ha vuelto a manifestar en Murcia contra los desahucios bancarios hacia familias pobres, que no han podido pagar las cuotas hipotecarias al banco por estar afectados por el paro laboral de la crisis económica, y bajo el llamado público de “En nombre de Dios basta ya de desahuciar a las familias”, han testimoniado su reprobación personal y moral ante esta generalizada práctica de la banca española.
                Testimonio que es concorde con el Evangelio de Cristo y con la Doctrina Social de la Iglesia, donde se deja sentado el principio universal de los bienes, así como los de solidaridad derivado de la fraternidad humana –dada la consideración de que las personas humanas somos hijos de Dios y hermanos en Cristo-, de donde se infiere que los bienes materiales y el dinero están subordinados a la persona, al respeto de su dignidad, no al revés, como nos ha mostrado la cruda realidad inhumana de una crisis económica tras de la cual los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.
                Por consiguiente, ante tanto silencio cobarde, cuando no cómplice, hacía falta una voz profética del Pueblo de Dios, que advirtiera de la profunda inmoralidad de dicha práctica, que llegó a sorprender al mismo Papa Francisco cuando recibió en Roma al sacerdote murciano Joaquín Sánchez, que ha hecho su causa de esta cuestión junto a los pobres desahuciados, a las familias (incluidos niños y ancianos) sufrientes por el abandono social ante la injusticia de los mercados –que no son impersonales, precisamente-.
                Pues un país que salva a sus entidades bancarias –con extraordinaria preferencia sobre las personas humanas, de las que se desatiende- es un país moralmente enfermo. Se diga lo que se diga, se quiera justificar como se quiera (con revestimientos de legalidad, razones de estabilidad económica, seguridad jurídica, etc.), ¡no tiene justificación moral!.
                Pero aún no menos inmoral es el alto grado de insensibilidad social mostrado por una sociedad autista, silente, embebida en su consumismo particular –de los que aún pueden-, que presa de una cultura individualista dominante, se desentiende del prójimo (no se considera el “guardián del hermano” –para evocar la dramática frase bíblica-), creyendo que jamás le afectará. ¡Grave error de cálculo…., tal como van las cosas…!. Pues resulta muy llamativo que una concentración de este tipo, que lo es desde la convocatoria de conciencia, sólo  mueva la conciencia de apenas unas decenas de personas, que además –y esto también no deja de ser significativo- se convocan en la puerta del Palacio episcopal (enclave del gobierno de la Iglesia local, a la que claman y no parece inquietarse), acaso sea para intentar mover a su jerarquía para que acabe de sintonizar con los aires de cambio romanos que está imprimiendo el Papa Francisco, no sin esfuerzo, incomprensión y resistencia de parte de su entorno.

                A ver si la Semana Santa, ya próxima, con su iconografía de la Pasión del Señor, del sufrimiento de Cristo por nosotros, nos hace más receptivos a poder sufrir por los demás, ayudarles, o cuanto menos acompañarles en ese sufrimiento, como lo hizo Jesús, a quien decimos seguir, aunque no sea de forma auténtica.

INTERESANTE CHARLA SOBRE ESPIRITUALIDAD FRANCISCANA DEL P. OLIVER


         El P. Francisco Oliver (OFM) ha dado una interesante charla sobre la espiritualidad franciscana,  en el convento franciscano de Sta. Catalina de Murcia, con ocasión de una reunión de franciscanos seglares de la provincia eclesiástica de Cartagena.
            Así, tomando por referencia el inigualable convento franciscano de Sta. Ana del monte en Jumilla, el P. Oliver ha ido presentando la cronología histórica del mismo, así como la simbología de la espiritualidad franciscana que en el mismo se contiene.
            Todo ello en el marco de meditación y reflexión cuaresmal dirigido a miembros de la Orden Franciscana Seglar a los que se ha dirigido refiriéndose con especial énfasis a la percepción franciscana de la Pasión de Cristo, en la que San Francisco puso especial atención por suponer uno de los momentos de mayor entrega amorosa de Dios al ser humano –mediante un abajamiento inmenso desde su deidad a nuestra humanidad, entregando su vida por amor-.

            Siguiendo con esa reflexión ha explicado el sentido y origen histórico del vía crucis, de los siete dolores de la virgen María, centrándose en la pasión y muerte de Cristo –con referencia a las imágenes del “Cristo atado a la columna”, del “Cristo de la reja” y del “Cristo de la sangre”, todas ellas imágenes de la pasión del redentor con un especial mensaje catequético a través de su observación iconográfica. Invitando a los presentes a meditar en el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo.

domingo, 22 de febrero de 2015

FRANCISCANOS SEGLARES DE LA PROVINCIA CARTAGINENSE REALIZAN UN RETIRO EN ALBACETE


              La Orden Franciscana Seglar (OFS) de la provincia franciscana cartaginense (que comprende el amplio territorio de las provincias de Murcia, Alicante, Albacete, Cuenca, Almería y de Granada hasta Guadix), se han reunido en Albacete, este último fin de semana de febrero para realizar el retiro espiritual de cuaresma.
                Así en la casa de ejercicios de la diócesis de Albacete se han reunido cerca de medio centenar de franciscanos seglares, asistidos por el P. Francisco Oliver (OFM), para llevar a cabo el habitual retiro de cuaresma, en el que han reflexionado sobre el Evangelio y en particular sobre el carisma franciscano y su especial vocación de seguir a Cristo, conforme a la espiritualidad de la familia franciscana, en lo que supone como decía el santo de Asís: “llevar la vida al Evangelio y el Evangelio a la vida”.

                Se ha tenido ocasión de reflexionar sobre la cuaresma como itinerario de preparación para vivir un especial encuentro personal en la Pascua. Se ha presentado el sentido de la penitencia como acercamiento al Señor –dejando atrás lo que nos separa de él-, la oración –encuentro personal y diálogo con Dios para iluminar la vida-, el ayuno –como modo de abstención de lo que nos separa de Dios, no sólo la comida, sino toda relación idolátrica que nos impida acercarnos a Dios, conocer y hacer su voluntad- y la limosna –como auténtica caridad cristiana, compartiendo lo que tenemos con el que no tiene, y no sólo lo que nos sobra-. De forma que podamos vivir así, en el Espíritu de Cristo, haciendo su voluntad, preparando el “camino al Señor”.

                También se trató de la importancia de avivar las virtudes morales, para no dejar hueco al mal en nosotros. Dándose paso, seguidamente, a un trabajo de reflexión por grupos y exposición general sobre la oración y el sentido de la caridad, así como sobre la forma de vida del franciscanismo seglar en nuestra sociedad conforme al momento actual.

                Finalmente, indicar que ha sido un tiempo propicio no sólo para la reflexión y convivencia entre los hermanos de la orden franciscana seglar, sino también para la oración y contemplación en un tiempo ocasional de retiro (de desierto, como hizo el Señor y los santos –entre ellos S. Francisco-, de retirada a un lugar solitario en silencio a orar, fuera de cualquier distracción, poniendo de manifiesto la importancia de la oración como diálogo con Dios, que da sentido a la vida sosteniéndola en las dificultades). Por consiguiente, ocasión idónea para preparar una cuaresma en sintonía con el mensaje de Cristo, con sus vivencias y sobre todo para disponernos a la conversión.


lunes, 16 de febrero de 2015

FRANCISCO NO QUIERE FACCIONES ECLESIALES EN LA CURIA

           
 
              Así de claro y determinado se muestra el Papa Francisco para sacar del gobierno de la Iglesia a representantes de diversas facciones eclesiales (especialmente de movimientos laicos conservadores) que se habían instalado  en diversos puestos del gobierno de la Iglesia en Roma, pues estos grupos suelen usar de sus influencias para sí mismos en vez de favorecer a la Iglesia en general.
                Por consiguiente, ante esta pasada experiencia, el Papa Francisco, dentro de la reforma que pretende imprimir a la Curia romana para adaptarla a los nuevos tiempos de su pontificado y de la Iglesia en el mundo, se ha planteado dejar al margen del gobierno de la Iglesia a determinados grupos eclesiales, entre los que cabría destacar: al Opus Dei, Comunión y Liberación, Focolares y Kikos, que durante el largo pontificado de Juan Pablo II –y aún en el corto de Benedicto XVI- se fueron incorporando en puestos de relieve e influencia de la Curia romana, con lo que ello supone de lucha de poder e influencia en el gobierno eclesial entre facciones de la Iglesia, algo que para el Papa Francisco y para el nuevo gobierno de la Iglesia se considera más pernicioso que beneficioso, en tanto que de esa forma se pierde la visión de unidad y conjunto de la misma Iglesia.
                Casualmente estos grupos eclesiales de raíz laical y conservadora son los que más han crecido y cogido fuerza en el seno de la Iglesia durante los anteriores pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI.
                En este punto, parece que el Papa Francisco está decidido a hacer una Curia más gobernable, más universal de la Iglesia y más abierta a todo el orbe católico, conforme a su nuevo estilo pastoral y eclesial que vuelve a enraizar con la eclesiología del Vaticano II. Naturalmente, en esta labor el Papa estará constatando las resistencias internas de los sectores más conservadores de la Iglesia que se resisten a entrar en comunión con el pontífice, pero sobre todo a perder privilegios e influencia que Francisco no está dispuesto a mantener, en su idea de simplificar y abrir la Iglesia al mundo en una praxis más sencilla, austera y directa.
                Todo lo cual hace presagiar que la reforma, de la Curia que el Papa Francisco está acometiendo, pueda retrasarse ante las dificultades de tal empresa y las resistencias con las que se está encontrando, pero también parece segura la determinación del Papa a llevar a cabo la misma.
                En cualquier caso, sería muy deseable que esos sectores eclesiales que se resisten acaben obedeciendo al Papa (algo que tanto han afirmado cuando se trataba de cuestiones que les satisfacían), y en humildad “se nieguen a sí mismos” (si quieren seguir a Cristo), o sea dejen sus personalismos, sus corporativismos exclusivos y exclusivistas, sus capillas y facciones, de forma que en el Espíritu de Cristo sean uno con el conjunto de la Iglesia con Pedro como Roca que la sustente. Para que con ello se cumplan las palabras de Cristo que todos seamos Uno en El, y ello favorezca la evangelización y conversión del mundo.

                Al tiempo que no estaría de más que se revisara tal multitud y dispersión de carismas, so pretexto de los cuales, se han generado grupos particulares en la Iglesia que dificultan la visión y comprensión de la unidad católica (sin que por ello se haya de confundir: unidad con uniformidad), pero tampoco la atomización sectaria de tantos grupos diversos y dispersos, en los que no siempre resulta fácil ver la comunión de los hermanos en Cristo.

martes, 10 de febrero de 2015

EL DIEZMO DE CAÑIZARES: ¿SIGNO DE CONVERSIÓN?


Asistimos con sorpresa, a la par que alegría, a la decisión tomada por el arzobispo de Valencia, Mons. Antonio Cañizares, de establecer un diezmo sobre los ingresos de su archidiócesis y destinarlo a los pobres de la misma. ¡Alabado sea Dios!.
Efectivamente, hemos de alabar a Dios que por el hecho de “conversión evangélica” que supone atender a la caridad de los hermanos más necesitados, lo que representa un gesto de autenticidad evangélica, y quita valor a aquel dicho de la experiencia popular en relación a que “una cosa es predicar, y otra dar trigo”.
En consecuencia, apreciamos en este importantísimo anuncio –que esperamos se plasme pronto en realidad-, un auténtico signo de conversión, acaso personal del propio cardenal Cañizares, al que le conocimos una acción pública más de gestor en sus respectivas diócesis (Ávila, Granada y Toledo), con sus iniciativas de apoyo a empresas docentes en el entorno eclesial (como las Universidades católicas de Ávila y Murcia), así como sus posicionamientos más doctrinarios y conservadores desde la cátedra primada de Toledo, pasando por su etapa romana de “príncipe eclesial” (que fue ilustrada por unas famosas fotos vestido como cardenal del medievo –con una cola de varios metros de extensión- y una pompa poco compatible con los nazarenos de Galilea). De forma que aparenta haberse influido vivamente por el nuevo rumbo marcado por el Papa Francisco, en lo que supone un mayor humanismo cristiano, anteponiendo la caridad a la doctrina, sin que esta haya de menoscabarse por ello.
Pero además de esta evolución del cardenal Cañizares, que por este tipo de signo parece sólida y sincera. Aparenta ser un signo de conversión eclesial, más allá de la personal, pues aunque sea jerárquicamente, también este influjo del buen ejemplo evangélico puede extenderse a la comunidad eclesial en su conjunto, empezando por la Iglesia valenciana. A partir de lo cual, sería muy deseable, que cundiera el ejemplo y el resto de las diócesis españolas siguieran la iniciativa del cardenal Cañizares, mostrando así la Iglesia española su sensibilidad evangélica, su coherencia y su comunión con el pontificado de Francisco.
Bienvenida sea la iniciativa, y Dios quiera que se extienda por el resto de la Iglesia española, al tiempo que sea el principio de una serie de iniciativas en la línea de ayudar a los más pobres, empezando por la misma Comunidad eclesial, y arraigando otras iniciativas como las ya adoptadas en alguna diócesis española de cesión de inmuebles de titularidad eclesiástica para alojamiento de familias desahuciadas de sus viviendas por los bancos, en el ámbito de la grave crisis económica que estamos padeciendo.

Finalmente, cabría hacer un último apunte, en relación con la necesidad de que la Iglesia española se decida a promover la difusión de la Doctrina Social de la Iglesia, en particular, y de la moral social, en general, como palabra profética para estos tiempos convulsos en lo económico, lo político y lo social, de forma que el fiel cristiano tenga su reflexión propia sobre esos ámbitos a la luz de los principios morales del Evangelio de Jesús.