En
la mañana de hoy domingo, día de la Virgen de la Almudena, ha llegado la
noticia del fallecimiento de Miguel Conesa, presbítero y párroco de Bullas,
junto con catorce feligreses que venían juntos de Madrid de visitar la tumba de
la Madre Maravillas, Carmelita Descalza de Bullas, donde desde hace poco más de
do meses Miguel fue destinado como párroco por el Obispo de Cartagena.
A
la tristeza por tan luctuoso suceso, por las víctimas y por el dolor de sus
familias, se une el dolor por la pérdida de Miguel Conesa, al que tuve ocasión
de conocer y tratar –aunque no en profundidad- en su etapa de coadjutor en la
Parroquia de S. Bartolomé de Murcia,
años pasados.
Miguel
era una persona excepcional, educado, cordial, acogedor, muy humano, con una
clara disposición de servicio, en la parroquia ayudó considerablemente al
entonces párroco, Juan Sánchez –actualmente canónigo honorario de la Catedral
de Murcia-, al que estaba muy unido y le era muy leal.
Miguel
estaba siempre dispuesto a atender a quien lo requiriera, desde el
confesionario, desde la conversación y el consejo amistoso y cercano, hasta la
petición de cualquier servicio litúrgico, pues Miguel era un gran sacerdote,
con un profundo sentido cristiano de la vida y una recia espiritualidad.
En
las manifestaciones que han hecho a los medios de comunicación los ciudadanos y
feligreses de Bullas, han referido el agrado que le tenían, la simpatía que se
había granjeado Miguel en el poco tiempo que llevaba entre las gentes de
Bullas, que reflejan su actitud de servicio, acogida y acompañamiento que
mantenía habitualmente sobre la feligresía, el pueblo cristiano y las personas
en general. Era una persona de gran humanidad.
Lamentamos
mucho este desenlace, por todas la víctimas y sus familias, y en particular
porque no volveremos a coincidir con Miguel en esta vida, aunque tenemos la
esperanza, sustentada en la fe en Cristo –como la tenía Miguel- de la vida
eterna, de la que esta vida es la antesala, un paso previo, en la que seguro
que están Miguel y los que el Señor ha llamado con él en este trágico suceso,
de manera que le haya concedido llevar a su grey a su presencia divina, como la
condujo por este mundo. Y sobre todo, la esperanza del reencuentro de todos
ante Dios por toda la eternidad.
¡Descansen
en paz!.
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